Page 37 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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Y si llegaba hasta la iglesia, tendría que
                   esperar a que el cura se despertase, se vistiera y
                   abriera la puerta; mientras, el frío le subiría
                   rápidamente la fiebre hasta matarla allí mismo,
                   sin piedad, delante de un lugar que algunas
                   personas consideran sagrado.
                            "Por lo menos, no hará falta que me lleven al
                   cementerio, prácticamente ya estaré dentro."
                            Chantal deliró toda la noche, pero a medida que
                   la luz de la mañana entraba en su cuarto, notó que
                   la fiebre bajaba. Cuando recuperó sus fuerzas e
                   intentó dormir, oyó una bocina familiar y
                   comprendió que el repartidor del pan ya había
                   llegado a Viscos y ya era hora de preparar el
                   desayuno.
                            Nadie la obligaba a bajar por el pan; era
                   independiente, podía quedarse en cama tanto tiempo
                   como le apeteciese, su trabajo no empezaba hasta
                   el anochecer. Pero algo había cambiado en ella;
                   necesitaba estar en contacto con el mundo, antes
                   de volverse completamente loca. Quería encontrarse
                   con las personas que en ese momento se aglomeraban
                   alrededor de la pequeña furgoneta verde, cambiando
                   sus monedas por comida, contentas porque empezaba
                   un nuevo día y tenían sus quehaceres y algo que
                   comer.
                            Se acercó a ellos y oyó algunos comentarios del
                   estilo "pareces cansada" o "¿te pasa algo?." Todos
                   sus vecinos eran amables, solidarios, siempre
                   dispuestos a echar una mano, inocentes y simples
                   en su generosidad, pero su alma se debatía en una
                   lucha sin cuartel por sueños, aventuras, miedo y
                   poder. Le hubiera gustado compartir su secreto,
                   pero si lo contaba a una sola persona, todo el
                   pueblo estaría enterado antes de que terminase la
                   mañana; más valía agradecerles el interés que
                   sentían por su salud y seguir adelante, hasta que
                   sus ideas se aclarasen un poco.
                   -No es nada. Un lobo estuvo aullando toda la
                   noche y no me dejó dormir.
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