Page 46 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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-Soy el mejor tirador de la comarca -decía-.
                   Ahora, usted aprenderá a ser tan bueno como yo.
                            Volvía a colocar la lata en el mismo sitio, se
                   alejaba a la misma distancia de antes, sacaba un
                   pañuelo del bolsillo y pedía que le vendasen los
                   ojos. Luego, apuntaba en dirección al blanco y
                   disparaba nuevamente.
                   -¿Acerté? -preguntaba mientras se quitaba la
                   venda de los ojos.
                   -¡Claro que no! -respondía el cazador recién
                   llegado, contento porque el orgulloso guía había
                   sufrido una humillación-. La bala pasó muy lejos.
                   Dudo que usted pueda enseñarme nada.
                   -Le acabo de enseñar la lección más importante
                   de su vida -replicaba el marido de Berta-. Cuando
                   quiera algo, mantenga los ojos bien abiertos,
                   concéntrese y tenga muy claro lo que desea. Nadie
                   acierta a su objetivo con los ojos cerrados.
                            Una vez, mientras volvía a colocar la lata en
                   su sitio después del primer tiro, el otro cazador
                   pensó que era su turno de probar puntería. Disparó
                   antes de que el marido de Berta volviera a su
                   lado; erró el tiro y lo hirió en la nuca. No tuvo
                   tiempo de aprender la excelente lección sobre
                   concentración y objetividad.


                   -Debo irme -dijo Chantal-. Tengo que hacer
                   algunas cosas antes de ir a trabajar.
                            Berta le deseó una buena tarde, y la acompañó
                   con los ojos hasta que desapareció por la
                   callejuela que había junto a la iglesia. Tantos
                   años sentada delante de su casa, contemplando las
                   montañas, las nubes y conversando mentalmente con
                   su difunto marido, le habían enseñado a "ver" a
                   las personas. Su vocabulario era limitado, no
                   encontraba otra palabra para describir las muchas
                   sensaciones que le producían los demás, pero esto
                   era lo que sucedía: "veía" a los demás, conocía
                   sus sentimientos.
                            Todo empezó durante el entierro de su grande y
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