Page 43 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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-Este pueblo no cambia nunca -le respondió-.
                   Sólo con las estaciones, que vienen y se van, y
                   ahora le toca el turno al invierno.
                   -No. Es por la llegada del extranjero.
                            Chantal se contuvo. ¿Y si el hombre había
                   hablado con alguien más?
                   -¿Qué tiene que ver la llegada del extranjero
                   con Viscos?
                   -Me paso el santo día contemplando la
                   naturaleza. Algunas personas creen que es una
                   pérdida de tiempo, pero esto fue lo único que me
                   ayudó a aceptar la pérdida de aquel a quien yo
                   amaba tanto. Veo que las estaciones pasan, los
                   árboles pierden sus hojas y después las recuperan.
                   Pero, de vez en cuando, un elemento inesperado de
                   la naturaleza provoca cambios definitivos. Me
                   contaron que las montañas que tenemos a nuestro
                   alrededor son el resultado de un terremoto que
                   tuvo lugar hace milenios.
                            La chica asintió con la cabeza; lo había
                   aprendido en la escuela.
                   -Y entonces, nada vuelve a ser igual. Me da miedo
                   que eso pueda suceder ahora.
                            Chantal sintió deseos de contarle la historia
                   del oro, porque pensaba que la vieja podía saber
                   algo; pero continuó en silencio.
                   -No dejo de pensar en Ahab, nuestro gran
                   reformador, nuestro héroe, el hombre a quien
                   bendijo San Sabino.
                   -¿Por qué en Ahab?
                   -Porque él era capaz de entender que un pequeño
                   detalle, por bien intencionado que sea, puede
                   destruirlo todo. Cuentan que después de pacificar
                   el pueblo, de expulsar a los delincuentes más
                   recalcitrantes, y de modernizar la agricultura y
                   el comercio de Viscos, cierta noche reunió a sus
                   amigos para ofrecerles una cena, y guisó un
                   suculento pedazo de carne. De repente, se dio
                   cuenta de que se le había terminado la sal.
                            »Entonces, Ahab llamó a su hijo.
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