Page 51 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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Rompió la nota en pedacitos, los echó en la
                   taza del váter, tiró de la cadena, tomó un baño de
                   agua muy caliente, casi hirviendo, se metió entre
                   las mantas, y sonrió. Había conseguido exactamente
                   lo que quería: encontrarse de nuevo con el
                   extranjero para hablar a solas. Si quería
                   averiguar la manera de derrotarlo, necesitaba
                   conocerlo mejor.
                            Se durmió casi inmediatamente; un sueño
                   profundo, reparador, relajado. Había pasado una
                   noche con el Bien, una noche con el Bien y el Mal,
                   y una noche con el Mal. Ninguno de los tres había
                   conseguido resultados, pero seguían vivos en su
                   alma y habían empezado a luchar entre sí, para
                   demostrar quién era el más fuerte.




                            Cuando llegó el extranjero, Chantal ya
                   estaba empapada; volvía a llover.
                   -No hablemos del tiempo -dijo ella-. Es
                   evidente que está lloviendo. Conozco un lugar
                   donde podremos conversar con más tranquilidad.
                            Se levantó y cogió una bolsa alargada de lona.
                   -¿Hay una escopeta, ahí dentro? -preguntó el
                   extranjero.
                   -Sí.
                   -¿Quieres matarme?
                   -Sí. No sé si podré, pero tengo muchas ganas de
                   hacerlo. De todas maneras, he traído el arma por
                   otro motivo: si tropiezo con el lobo maldito por
                   el camino y acabo con él, seré más respetada en
                   Viscos. Ayer oí sus aullidos, aunque nadie parezca
                   dispuesto a creerme.
                   -¿Qué es el lobo maldito?
                            Ella dudó de la conveniencia de conceder un
                   mayor grado de intimidad a aquel hombre, que era
                   su enemigo. Además, recordó un libro de artes
                   marciales japonesas (ella leía todos los libros
                   que los huéspedes olvidaban en el hotel, sin
                   importarle el tema, porque no le gustaba malgastar
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