Page 50 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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indiscriminadamente a todo lo que estuviera a su
alrededor: a sí misma, al pueblo, los habitantes,
los hijos de los habitantes...
Pero, en realidad, sólo tenía un objetivo: el
extranjero. Concentrarse, disparar, matar a la
presa. Para ello era necesario un plan; sería una
tontería soltar la noticia de cualquier manera esa
misma noche y perder el control de la situación.
Decidió retrasar otro día el relato de su
encuentro con el extranjero, si es que alguna vez
lo revelaba a los habitantes de Viscos.
Aquella noche, al cobrar la ronda de bebidas
que el extranjero solía pagar, Chantal notó que le
pasaba una nota. La guardó en el bolsillo,
fingiendo indiferencia, a pesar de que -de vez en
cuando- los ojos del extranjero buscaban los suyos
en una interrogación muda. Parecía haberse
invertido el juego: ahora era ella quien
controlaba la situación, eligiendo el campo de
batalla y la hora del combate. Los buenos
cazadores actúan de esta manera: siempre imponen
sus condiciones para que sea la presa la que se
acerque a ellos.
Cuando volvió a su cuarto, con la extraña
sensación de que esa noche dormiría muy bien, sólo
entonces, leyó la nota: el hombre le pedía que se
encontrasen en el lugar donde se habían conocido.
Terminaba diciendo que prefería conversar con
ella a solas. Pero que también podían hacerlo
delante de todos, si así lo deseaba.
A ella no le preocupó la amenaza; todo lo
contrario, se alegró de haberla recibido. Eso
demostraba que el hombre estaba perdiendo el
control, puesto que las personas peligrosas no
hacen ese tipo de cosas. Ahab, el gran pacificador
de Viscos, solía decir: "Existen dos tipos de
idiotas: los que dejan de hacer algo porque
han recibido amenazas, y los que creen que van
a hacer algo porque están amenazando a alguien."

