Page 74 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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las almas de los que ya habían cumplido sus penas.
                            Además, los chinos eran los únicos que
                   explicaban de una manera convincente el origen de
                   los demonios: eran malos porque habían sufrido la
                   maldad en carne propia, y querían pasarla a los
                   demás, en un eterno ciclo de venganza.


                            "Eso debe de ser lo que me está sucediendo a


                   mí", se dijo el extranjero, recordando las
                   palabras de la señorita Prym. El demonio también
                   las había oído, y sentía que había perdido una
                   parte del terreno tan arduamente conquistado. La
                   única manera de recuperarlo consistía en no dejar
                   que la mente del extranjero albergara ningún tipo
                   de duda.
                            "No pasa nada, has tenido una duda -dijo el
                   demonio-. Pero el terror permanece. La historia de
                   la horca ha sido muy buena y esclarecedora: los hombres
                   son virtuosos porque existe el terror, pero su
                   esencia es maligna, todos son descendientes míos."


                            El extranjero temblaba de frío, pero decidió
                   seguir con la ventana abierta.
                            "Dios mío, yo no merecía lo que me sucedió. Si
                   tú hiciste eso conmigo, yo puedo hacer lo mismo a
                   los demás. Es de justicia."
                            El demonio se asustó, pero permaneció en
                   silencio; no podía demostrar que también él estaba
                   aterrorizado. El hombre blasfemaba contra Dios, y
                   justificaba sus actos, pero era la primera vez, en
                   dos años, que le oía dirigirse al cielo.
                            Era una mala señal.


                            "Es una buena señal", fue el primer pensamiento
                   de Chantal, cuando oyó la bocina de la furgoneta
                   que traía el pan. En Viscos, la vida seguía igual,
                   estaban repartiendo el pan, la gente, saldría de
                   su casa, tendrían todo el fin de semana para
                   comentar el disparate que les habían propuesto y
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