Page 76 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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excepción, tal vez, de la víctima escogida. Si una
sola persona estuviera en contra de la idea -y, a
falta de nadie más, ella sería esa persona-, los
hombres y las mujeres de Viscos correrían el
riesgo de ser denunciados y apresados. Es mejor
ser pobre y honrado que rico en la cárcel.
Chantal bajó la escalera recordando que
incluso algo tan simple como la elección del alcalde
de una aldea de tres calles ya provocaba discusiones
acaloradas y divisiones internas. Cuando quisieron
construir un parque infantil en la parte baja de
Viscos se armó tal revuelo que jamás llegaron a
empezar las obras; unos decían que en el pueblo no
había niños, otros gritaban que un parque los haría
volver, cuando sus padres fueran al pueblo de
vacaciones,
y notaran que había mejorado en algo. En Viscos se
discutía por todo: la calidad del pan, las leyes de
caza, la existencia o no del lobo maldito, el extraño
comportamiento de Berta y, posiblemente, los
encuentros a escondidas de la señorita Prym con
algunos de los huéspedes del hotel, aunque jamás
se habían atrevido a mencionar el asunto delante
de ella.
Se acercó a la furgoneta con aire de quien,
por primera vez en la vida, desempeñaba el papel
principal en la historia del pueblo. Hasta
entonces había sido la huérfana desamparada, la
chica que no había conseguido casarse, la pobre
trabajadora nocturna, la infeliz en busca de
compañía; nada perdían por esperar un poco. Pero
dentro de dos días, todos le besarían los pies y
le darían las gracias por su generosidad y la
abundancia de que disfrutaban, tal vez insistirían
para que se presentara a candidata para la
alcaldía (pensándolo bien, quizás sería mejor
quedarse una temporada y disfrutar de la gloria
recién conquistada).
El grupo de personas que estaba en torno a la

