Page 78 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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vida discutiendo, se habían puesto de acuerdo en
algo: ella era la culpable. No el extranjero ni la
proposición, sino ella, Chantal Prym, la
instigadora del crimen. ¿Acaso el mundo estaba de
cabeza?
Dejó el pan a la puerta de su casa, salió del
pueblo en dirección a la montaña; no tenía hambre
ni sed ni sentía ningún deseo. Se había dado
cuenta de algo muy importante, algo que la henchía
de miedo, pavor, terror absoluto.
Nadie había contado nada al hombre de la
furgoneta.
Lo más natural habría sido comentar un
acontecimiento como aquél, ya fuera con
indignación o con risas; pero el hombre de la
furgoneta, que repartía el pan y los chismorreos a
los pueblos de la comarca, se había marchado sin
saber lo que estaba pasando. A buen seguro, los
habitantes de Viscos se habían reunido allí, por
primera vez, aquel día y no habían tenido tiempo
de comentar con los demás lo que había sucedido la
noche anterior, a pesar de que todos ya estaban
enterados de lo que había pasado en el bar. Y
habían hecho, inconscientemente, una especie de
pacto de silencio.
O sea, que podía ser que cada una de esas
personas, en el fondo del corazón, estuviera
pensando lo impensable, imaginando lo
inimaginable.
Berta la llamó. Continuaba en su sitio,
vigilando inútilmente el pueblo, porque el peligro
ya había entrado, y era mucho peor de lo que
pensaba.
-No tengo ganas de hablar -dijo Chantal-. No
puedo pensar, ni reaccionar, ni decir nada.
-Pues siéntate aquí y escúchame.
De todas las personas con quien se había
encontrado desde que se había levantado, Berta era
la única que la estaba tratando con delicadeza.

