Page 77 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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furgoneta compraba el pan en silencio. Todos se
volvieron hacia ella, pero no dijeron ni una
palabra.
-¿Pero qué pasa en este pueblo? -preguntó el
repartidor del pan-. ¿Se ha muerto alguien?
-No -respondió el herrero, que, a pesar de ser
un sábado por la mañana y pudiera haber dormido
hasta más tarde, estaba allí-. Hay una persona que
lo está pasando mal, y estamos preocupados.
Chantal no entendía nada de lo que estaba
sucediendo.
-Apresúrate a comprar lo que necesites -oyó
decir-. Que el chico tiene prisa.
Mecánicamente, entregó sus monedas y cogió el
pan. El chico de la furgoneta se encogió de
hombros, como si desistiera de comprender lo que
pasaba. Dio el cambio, deseó a todos un buen día,
arrancó el vehículo y se marchó.
-Ahora soy yo la que pregunta: ¿qué pasa en
este pueblo? -dijo, y el miedo hizo que levantara
la voz más de lo que permite la buena educación.
-Ya sabes qué pasa -dijo el herrero-. Quieres
que cometamos un crimen por dinero.
-¡Yo no quiero nada! ¡Sólo hice lo que me pidió
aquel hombre! ¿Acaso se han vuelto locos?
-Te has vuelto loca. ¡No deberías haberte
convertido en la mensajera de ese chalado! ¿Qué
quieres? ¿Qué vas a ganar con esto? ¿Quieres
transformar el pueblo en un infierno, como en la
historia que contaba Ahab? ¿Has perdido la
dignidad y la honra?
Chantal estaba temblando.
-¡Ustedes sí que se han vuelto locos! ¿No me
digan que se han tomado en serio la proposición?
-Déjala -dijo la dueña del hotel-. Tenemos que
preparar los desayunos.
Poco a poco, el grupo se fue dispersando.
Chantal seguía temblando, sujetando el pan,
incapaz de moverse de donde estaba. Por primera
vez, todas aquellas personas, que se pasaban la

