Page 75 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
P. 75

contemplarían -con cierto disgusto- la partida del
                   extranjero el lunes por la mañana. Y, esa misma
                   tarde, ella les contaría la apuesta que había
                   hecho, les anunciaría que habían ganado la batalla
                   y que eran ricos.
                            Nunca llegaría a convertirse en una santa, como
                   San Sabino, pero durante muchas generaciones sería
                   recordada como la mujer que salvó la aldea de la
                   segunda visita del Mal; quizás inventarían
                   leyendas sobre ella y, posiblemente, los futuros
                   habitantes de Viscos se referirían a ella como a
                   una hermosa mujer, la única que no abandonó Viscos
                   cuando aún era joven, porque tenía una misión que
                   cumplir. Las damas piadosas encenderían velas en
                   homenaje a ella, los jóvenes suspirarían de amor
                   por la heroína que no pudieron conocer.
                            Se sintió orgullosa de sí misma y pensó que
                   debía ser discreta y no mencionar el lingote de
                   oro que le pertenecía o acabarían por convencerla
                   de que, para ser considerada santa, era necesario
                   que también compartiera su parte.
                            A su manera, estaba ayudando a salvar el alma
                   del extranjero, y Dios se lo tendría en cuenta
                   cuando tuviera que rendir cuentas de sus actos.
                   Pero el destino de aquel hombre poco le importaba,
                   lo que más deseaba era que los dos días pasaran lo
                   más rápido posible, ya que tamaño secreto casi no
                   le cabía en el corazón.
                            Los habitantes de Viscos no eran ni mejores ni
                   peores que los de los pueblos vecinos, pero, con
                   toda certeza, serían incapaces de cometer un
                   crimen por dinero; estaba segura de ello. Ahora
                   que la historia había salido a la luz pública,
                   ningún hombre ni ninguna mujer podía tomar una
                   iniciativa aislada; primero, porque la recompensa
                   debería ser repartida igualmente, y no conocía a
                   nadie dispuesto a arriesgarse por el lucro de los
                   demás. Segundo, si estuvieran considerando llevar
                   a cabo aquello que ella juzgaba impensable,
                   deberían contar con la complicidad de todos, con
   70   71   72   73   74   75   76   77   78   79   80