Page 83 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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Berta se sorprendió mucho, porque creía que
                   los muertos lo sabían todo; al fin y al cabo, ¿no
                   había sido él quien la había advertido de que el
                   peligro estaba por llegar? Tal vez se estaba
                   haciendo demasiado viejo, y empezaba a tener otras
                   manías, además de tomar la sopa con la misma
                   cuchara.
                            El marido le dijo que la vieja era ella, porque
                   los muertos conservan la misma edad. Y que, aunque
                   supieran algunas cosas que los vivos desconocían,
                   necesitaban de algún tiempo para ser admitidos en
                   el lugar donde viven los ángeles superiores; él
                   era un muerto reciente (no hacía ni quince años
                   que había abandonado la Tierra), aún debía
                   aprender muchas cosas, a pesar de que sabía que ya
                   podía ayudar bastante.
                            Berta le preguntó si la morada de los ángeles
                   superiores era más bonita y cómoda. El marido le
                   contestó que se dejara de bromitas y concentrara
                   su energía en la salvación de Viscos. No porque le
                   interesara especialmente; al fin y al cabo, estaba
                   muerto y nadie había hablado con él del tema de la
                   reencarnación (aunque había oído algunas
                   conversaciones respecto a esta posibilidad) y,
                   aunque la reencarnación fuera posible, él preferiría
                   renacer en algún lugar desconocido. Pero le gustaría
                   que su mujer viviese en paz y tranquilidad los años
                   que le quedaran en este mundo.
                            "Pues no te preocupes", pensó Berta. Su
                   marido no aceptó el consejo; quería que ella hiciese
                   alguna cosa. Si el Mal vence, aunque sea en una
                   aldea olvidada con tres calles, una plaza y una
                   iglesia, puede contagiar al valle, a la comarca,
                   al país, al continente, los mares, el mundo
                   entero.


                            Aunque tuviese 281 habitantes, siendo Chantal
                   la más joven y Berta la más vieja, Viscos estaba
                   bajo el control de media docena de personas: la
                   dueña del hotel, que era la responsable del
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