Page 88 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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tendrá una agricultura mecanizada, los
                   trabajadores vendrán durante el día y de noche
                   volverán a sus casas, que estarán muy lejos de
                   aquí. ¡Qué vergüenza para nuestra generación!
                   Permitimos que nuestros hijos se marcharan, fuimos
                   incapaces de retenerlos a nuestro lado.
                   -¡Hemos de salvar el pueblo como sea! -exclamó
                   el terrateniente, que tal vez era el único que
                   saldría beneficiado con la decadencia de Viscos,
                   puesto que podría comprarlo todo antes de
                   revenderlo a cualquier industria importante. Pero
                   no le interesaba vender abajo precio unas tierras
                   en donde podía haber una fortuna enterrada.
                   -¿Algún comentario, señor cura? -preguntó la
                   dueña del hotel.
                   -En mi religión, que es lo único que conozco
                   bien, el sacrificio de una sola persona salvó a
                   toda la humanidad.
                            Hubo un tercer silencio, pero éste fue más
                   breve.
                   -Tengo que prepararme para la misa del sábado
                   -dijo-. Podríamos quedar a última hora de la
                   tarde.
                            Se pusieron de acuerdo de inmediato, se dieron
                   cita al final del día, parecía que todos tuvieran
                   mucha prisa, como si algún asunto muy importante
                   los estuviera esperando.
                            Sólo el alcalde conservó la sangre fría.
                   -Lo que acaba de decir es muy interesante, un
                   tema excelente para un buen sermón. Creo que hoy
                   todos nosotros deberíamos ir a misa.


                            Chantal ya no tenía ninguna duda; se dirigía
                   hacia la roca en forma de Y pensando en lo que
                   haría en cuanto tuviera el oro. Volvería a casa,
                   cogería el dinero que tenía guardado allí, se
                   pondría ropa más resistente, bajaría por la
                   carretera hasta el valle y haría autostop. Nada de
                   apuestas: aquel pueblo no merecía la fortuna que
                   había tenido al alcance de las manos. Nada de
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