Page 85 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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señorita Prym no arriesgaría su reputación sin
tener pruebas palpables. Pero eso no cambia nada:
tenemos que llamar a la policía. El extranjero
debe de ser un ladrón, hay un precio por su
cabeza; a buen seguro ha venido aquí a ocultar el
botín de algún robo.
-¡Menuda tontería! -dijo la mujer del alcalde-.
Si fuera cierto, ese hombre procuraría ser más
discreto.
-Tanto da. Debemos llamar a la policía
inmediatamente.
Todos estuvieron de acuerdo. El sacerdote les
sirvió unas copas de vino, para calmar los ánimos.
Empezaron a pensar qué dirían a la policía, ya
que, en realidad, no tenían ninguna prueba contra
el extranjero; era muy posible que todo terminara
con el encarcelamiento de la señorita Prym, por
incitación al crimen.
-La única prueba es el oro. Sin el oro, -no hay
nada que hacer.
Claro. Pero ¿dónde estaba el oro? Sólo lo
había visto una persona, y ella no sabía dónde
estaba escondido.
El sacerdote sugirió que organizaran grupos
de búsqueda. La dueña del hotel retiró la cortina de
la sacristía, que daba al cementerio; les mostró
las montañas de un lado, el valle de abajo, y las
montañas del otro lado.
-Necesitaríamos cien hombres durante cien años.
El terrateniente lamentó para sus adentros
que hubieran construido el cementerio en ese lugar;
la vista era preciosa, y a los muertos no les hacía
ninguna falta.
-En otra ocasión, me gustaría hablar con usted
del cementerio -dijo al sacerdote-. Le puedo
proporcionar un solar mucho mayor para los
muertos, cerca de aquí, a cambio del terreno que
hay junto a la iglesia.
-Nadie querría comprarlo, ni vivir en un lugar
donde antes reposaban los muertos.

