Page 87 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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punto de vista.
-Son buenas personas, trabajadoras y discretas
-continuó la dueña del hotel, utilizando la misma
estratagema-. Hoy mismo, por ejemplo, cuando el
repartidor del pan quiso saber lo que estaba
pasando, nadie le dijo nada. Creo que podemos
confiar en ellos.
Un nuevo silencio. Sólo que esta vez era un
silencio opresivo, imposible de disfrazar. A pesar
de ello, siguieron el juego, y el herrero tomó la
palabra.
-El problema no está en la discreción de la
gente del pueblo, sino en el hecho de saber que
hacerlo es inmoral e inaceptable.
-¿De hacer qué?
-Vender tierra sagrada.
Un suspiro de alivio recorrió la sala; ya
podían pasar al debate moral, porque la parte
práctica había avanzado bastante.
-Lo inmoral es ver la decadencia de nuestro
Viscos -dijo la mujer del alcalde-. Ser
conscientes de que somos los últimos habitantes
del pueblo, y de que el sueño de nuestros abuelos,
de los antepasados, de Ahab, de los celtas,
terminará en pocos años. Y nosotros no tardaremos
mucho en abandonar el pueblo, ya sea para ir a un
asilo o para implorar a nuestros hijos que cuiden
de unos viejos enfermos, raros, incapaces de
adaptarse a la vida de la gran ciudad, nostálgicos
de todo lo que han dejado atrás, tristes porque no
han tenido la satisfacción de entregar a la nueva
generación el regalo que recibieron de sus padres.
-Tienes razón -dijo el herrero-. Lo que es
inmoral es la vida que llevamos. Cuando Viscos
esté casi en ruinas, estos campos estarán
abandonados o los comprarán por una miseria;
llegarán las máquinas, construirán buenas
carreteras. Las casas serán demolidas, almacenes
de acero sustituirán aquello que fue construido
con el sudor de nuestros antepasados. El campo

