Page 89 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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maletas, no quería que supieran que abandonaba
                   Viscos para siempre; con sus bellas e inútiles
                   historias, sus habitantes amables y cobardes, su
                   bar siempre lleno de personas que hablaban siempre
                   de lo mismo, la iglesia adonde nunca iba. Claro
                   que cabía la posibilidad de que se encontrase con
                   la policía esperándola en la estación de
                   autobuses, de que el extranjero la acusara de
                   robo, etc. Pero ahora estaba dispuesta a correr
                   cualquier riesgo.
                            El odio que había sentido media hora antes se
                   había transformado en un sentimiento mucho más
                   agradable: la venganza.
                            Se alegraba de haber sido ella quien, por
                   primera vez, había mostrado a todas esas personas
                   la maldad que tenían escondida en el fondo de sus
                   almas ingenuas y falsamente bondadosas. Todos
                   soñaban con un posible crimen; pero sólo lo
                   soñaban, porque nunca harían nada. Dormirían
                   durante el resto de sus pusilánimes vidas
                   repitiéndose a sí mismos que eran nobles,
                   incapaces de cometer una injusticia, dispuestos a
                   defender el orgullo de la aldea a cualquier
                   precio, pero sabiendo que sólo el terror les había
                   impedido matar a un inocente. Se alabarían a sí
                   mismos todas las mañanas por haber mantenido la
                   integridad, y todas las noches se arrepentirían de
                   haber perdido su oportunidad.
                            Durante los próximos tres meses, en el bar,
                   no se hablaría de otra cosa que de la honestidad y
                   generosidad de los hombres y mujeres del pueblo.
                   Inmediatamente después llegaría la temporada de
                   caza, y pasarían un cierto tiempo sin tocar el
                   tema. No era necesario que los forasteros
                   estuvieran al corriente, puesto que, a ellos, les
                   gustaba creer que se encontraban en un lugar
                   remoto, en donde todos eran amigos, el bien
                   imperaba, la naturaleza era generosa y los
                   productos regionales que estaban expuestos a la
                   venta en el pequeño estante -que la dueña del
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