Page 157 - 14 ENRIQUE IV--WILLIAM SHAKESPEARE
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ESCENA III
WARKWORTH- Delante del Castillo.
(Entran Northumberland, lady Northumberland y lady Percy)
NORTUMBERLAND.- Te ruego, amada esposa y a ti, gentil hija,
dejadme dar libre curso a mis severos designios, no toméis la
expresión de las circunstancias y no seáis, como ellas, importunas a
Percy.
LADY NORTUMBERLAND.- No, ya he cesado, no hablaré más;
haced lo que queráis. Que vuestra prudencia sea vuestro guía.
NORTUMBERLAND.- Ay! querida mía, mi honor está empeñado y
solo mi partida puede redimirlo.
LADY PERCY.- No, os conjuro por la salud divina, no vais a esa
guerra! Hubo un tiempo, padre, en que faltasteis a vuestra palabra,
cuando os ligaban vínculos más queridos que ahora; cuando vuestro
propio Percy, el Harry querido a mi alma, arrojó más de una mirada al
Norte, para ver si su padre, le traía sus refuerzos; pero en vano
suspiró. Quién os persuadió entonces a quedaros en vuestra casa?
Hubo dos honores perdidos: el vuestro y el de vuestro hijo. El
vuestro... quiera el cielo reavivarlo gloriosa mente! El suyo... estaba
adherido a él como el sol a la bóveda gris del cielo y con su luz guiaba
a todos los caballeros de la Inglaterra a los hechos brillantes. Era, a la
verdad, el espejo al que la noble juventud se ajustaba; todos imitaban
su modo de andar- y el brusco lenguaje, que era su defecto natural, se
había convertido en el idioma de los bravos; porque aquellos mismos
que hablaban bajo y reposadamente, se corrigieron de esa calidad
como de una imperfección, a fin de parecérsele. Tanto que, en
palabras, en continente, en gustos, en obligaciones, placeres, en
disciplina militar, en humoradas, era el parangón y el espejo, la copia
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