Page 189 - 14 ENRIQUE IV--WILLIAM SHAKESPEARE
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               Enrique IV                             donde los libros son gratis

                   (Sale Westmoreland)
               MOWBRAY.- Una voz íntima me dice que las condiciones de nuestra
               paz no pueden ser duraderas.
               HASTINGS.- No lo temáis; si podemos hacer la paz en los términos
               tan amplios y tan absolutos que sirven de base a nuestras condiciones,
               nuestra paz será tan estable como la roca de la montaña.
               MOWBRAY.- Sí, pero la opinión que de nosotros se tendrá será tal
               que la causa más ligera y el pretexto más infundado, el motivo más
               trivial, más vano y fútil, recordará al rey nuestra insurrección. Y aun
               cuando con la fe más leal fuéramos los mártires de nuestro amor por
               él, seríamos aventados por tan rudo viento, que nuestro grano
               parecería tan ligero como la paja y que el buen grano no se separaría
               del malo.
               ARZOBISPO.- No, no, milord; observad esto: el rey está cansado de
               tantas quejas melindrosas o insignificantes, porque ha reconocido que
               apagar una sospecha con la muerte es hacer revivir dos más graves en
               los herederos vivientes. Y por tanto quiere limpiar suavemente sus
               listas y no conservar en su memoria ninguno que pueda recordarle de
               nuevo sus pérdidas. Porque sabe perfectamente que no puede extirpar
               por completo de esta tierra todo lo que le inquieta. Sus adversarios
               están tan vinculados con sus amigos, que cuando se esfuerza por
               derribar un enemigo, conmueve y sacude un amigo. Esta tierra es
               como una mujer insolente que le ha encolerizado hasta amenazarla
               con pegarla y que, en el momento de hacerlo, le presenta a su hijo y el
               castigo más resuelto queda suspendido en el brazo levantado para
               ejecutarlo.
               HASTINGS.- Por lo demás el rey ha usado todos sus azotes sobre los
               últimos que le han ofendido y ahora carece de los instrumentos
               mismos del castigo. Tanto que su poder, cómo un león sin garras,
               puede amenazar, pero no herir.
               ARZOBISPO.- Es muy cierto; por tanto tened por seguro, mi buen
               lord Mariscal, que si hoy hacemos bien nuestra reconciliación, nuestra

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