Page 119 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
P. 119
nanotecnológicos eran más fuertes. Los ordenadores eran
infinitesimales. Las fuentes de energía eran más
potentes. Era casi difícil no construir algo que fuese más
ligero que el aire. Cosas realmente simples como
materiales de empaquetamiento —los constituyentes
básicos de la basura— tendían a flotar por todas partes
como si no pesasen nada, y los pilotos de aeronaves se
habían acostumbrado a ver bolsas de la compra
desechadas volando por delante (y meterse en los
motores) incluso a diez kilómetros por encima del nivel
del mar. Visto desde una órbita terrestre baja, la
atmósfera superior parecía tener caspa. El Protocolo
insistía en que todo fuese más pesado de lo necesario, para
que cayese, y que pudiese degradarse por la luz
ultravioleta. Pero algunas personas violaban el
Protocolo.
Dado que era fácil fabricar cosas que flotasen en el aire,
no era mucho más complicado añadir una turbina. No
era más que una simple hélice, o una serie de ellas,
montada en un filamento tubular alrededor del cuerpo
del aeróstato, que tomase aire por un lado y que lo expul‐
sase por el otro para producir un impulso. Un
dispositivo construido con varios impulsores apuntados
en ejes diferentes podía permanecer en una posición, e
incluso navegar por el espacio.
119

