Page 120 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Cada  aeróstato  en  la  red  de  perros  era  una  gota

              aerodinámica con la superficie de un espejo lo bastante


              grande, en su parte más ancha, como para contener una

              pelota de pinpón. La red estaba programada para colgar

              en el espacio en una estructura hexagonal, como a diez


              centímetros  del  suelo  (lo  suficientemente  cerca  para

              parar a un perro, pero no a un gato, de ahí venía «red de


              perros») y a una separación más amplia a medida que se

              hacía  más  alta.  De  esa  forma,  había  una  bóveda

              hemisférica  alrededor  del  sacrosanto  espacio  aéreo  del


              Enclave de Nueva Atlantis. Cuando soplaba el viento, las

              vainas se movían en él como veletas, y la red se deformaba


              un  poco  al  moverse  las  vainas;  pero  invariablemente

              todas  se  las  arreglaban  para  volver  a  su  posición,

              nadando contracorriente como pececillos impulsados por


              turbinas de aire. Las turbinas hacían un ligero sonido

              silbante, como una hoja de acero que cortase el aire, que,

              cuando se multiplicaba por el número de vainas en los


              alrededores, provocaba un ambiente no del todo alegre.



                  Si se luchaba demasiado con el viento, las baterías de


              la vaina se agotaban. Entonces debía nadar y pegarse a su

              vecina. Las dos se unían en el aire, como libélulas, y la


              más débil tomaba energía de la más fuerte. El sistema

              incluía  grandes  aeróstatos  llamados  enfermeras  que


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