Page 277 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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para una demostración rápida de las matemáticas
básicas, volvieron a la historia, y luego se perdieron en
una interminable secuencia de «¿por qué esto?» y «¿por
qué aquello?». Miranda había pasado mucho tiempo con
ractivos para niños, tanto de niña como de institutriz, y
la superioridad de aquella cosa era evidente: como coger
un antiguo tenedor de plata cuando llevabas veinte años
comiendo con utensilios de plástico, o meterse dentro de
un vestido de noche a medida cuando estabas
acostumbrada a los vaqueros.
Esas y otras asociaciones le venían a la mente a
Miranda en los raros momentos en que entraba en
contacto con algo de calidad, y si no realizaba un
esfuerzo consciente por detener el proceso, acababa re‐
cordando básicamente todo lo que le había sucedido en
los primeros años de su vida: el Mercedes que la llevaba
a una escuela privada, el candelabro de cristal que sonaba
como las campanas de las hadas cuando lo tocaba, el
dormitorio revestido con una cama de cuatro columnas
con una colcha de seda. Por razones que todavía no
estaban claras, Madre se había alejado de todo aquello
para ir a lo que se consideraba pobreza en aquellos días.
Miranda sólo recordaba que cuando estaba físicamente
más cerca de Padre, Madre los vigilaba con mayor
diligencia de la que parecía normal.
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