Page 504 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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echó abajo la puerta y disparó en aquella atmósfera
sangrienta. Los carniceros y matarifes se volvieron
atónitos hacia el umbral. Uno se desplomó,
gorgoteando agónico con una bala perforando su
pulmón. Su delantal sanguinolento volvió a
empaparse, esta vez desde el interior. Los demás
trabajadores escaparon, resbalando con los cartílagos y
las vísceras.
La milicia tiró de las colgadas y rezumantes carcasas
de cabra y cerdo, bregando con la cinta suspendida de
garfios hasta que la arrancaron del techo empapado.
Cargaban en oleadas hacia la parte trasera de la oscura
cámara y bajaron corriendo por unas escaleras hasta
llegar al pequeño desembarco. Por lo que sirvió para
frenarlos, la puerta cerrada de Benjamin Flex podría
haber sido de papel.
Una vez dentro, las tropas se situaron a ambos lados
del armario, dejando a un hombre que soltó la enorme
maza que portaba a la espalda. La descargó sobre la
vieja madera y, de tres poderosos golpes, descubrió la
abertura en la pared, de la que llegaba el zumbido de
un motor de vapor y la luz de una lámpara de aceite.
Dos de los oficiales desaparecieron en la sala secreta.
Se produjo un grito apagado y el sonido de repetidos
golpes martilleantes. Benjamin Flex apareció volando a
través del agujero con el cuerpo deshecho y su sangre
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