Page 120 - Portico - Frederik Pohl
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su casa. Y a veces, naturalmente, no podían tener una
fiesta porque no se permiten fiestas en las salas de cui‐
dados intensivos del Hospital Terminal.
No todo eran fiestas; teníamos que estudiar. Se
suponía que, al final del curso, debíamos ser grandes
expertos en el manejo de naves, técnicas de
supervivencia y valoración de mercancías comerciales.
La verdad es que yo no lo era. Sheri todavía menos que
yo. Se defendía bastante bien en el manejo de las naves,
tenía un sexto sentido para observar los detalles que la
ayudaría mucho a valorar los objetos que encontrase en
un viaje de prospección. Pero parecía incapaz de
asimilar el curso de supervivencia.
Estudiar con ella para los exámenes finales fue una
calamidad.
‐ Veamos ‐ le decía yo ‐, ésta es una estrella de tipo F
con un planeta con una G de superficie, punto ocho,
una presión parcial de oxígeno de 130 milibares, y una
temperatura media de cuarenta grados Celsius en el
ecuador. Así pues, ¿qué te pondrías para ir a la fiesta?
Ella contestó acusadoramente:
‐ Me lo pones muy fácil. Es prácticamente igual que
en la Tierra.
‐ Y, ¿cuál es la respuesta, Sheri?
Se rascó pensativamente debajo del pecho. Después
meneó la cabeza con impaciencia.
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