Page 191 - Portico - Frederik Pohl
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hasta trescientos sin grandes dificultades (vuelves en la

            piel y los huesos, y quizá con algunas enfermedades


            por carencia). Así pues, si llegas a los sesenta o sesenta

            y  cinco  días  de  viaje  sin  que  se  produzca  ningún

            cambio de posición, sabes que puedes tener problemas,


            y  empiezas  a  comer  menos.  Si  llegas  a  ochenta  o

            noventa, el problema se resuelve por sí solo, porque ya


            no  tienes  opción,  ya  que  morirás  antes  de  volver.

            Podrías tratar de cambiar el rumbo. Pero esto no es más

            que otra forma de morir, según dicen todos los supervi‐


            vientes.

               Lo  más  probable  es  que  los  Heechees  pudieran

            cambiar el rumbo cuando lo deseaban, pero su forma


            de hacerlo es una de esas grandes preguntas acerca de

            los Heechees que no tienen contestación, como por qué

            lo limpiaban todo antes de irse, o qué aspecto tenían, o


            adónde fueron.

               Recuerdo una especie de libro en broma que vendían


            en las ferias cuando yo era pequeño. Se titulaba Todo lo

            que sabemos sobre los Heechees. Tenía ciento veintiocho

            páginas, y todas estaban en blanco.




               Si Sam, Dred y Mohamad eran homosexuales, y yo no


            tenía  ninguna  razón  para  dudarlo,  apenas  lo

            demostraron a lo largo de los primeros días. Seguían

            sus propios intereses. Leían. Escuchaban grabaciones


            de  música  con  los  audífonos.  Jugaban  al  ajedrez  y,




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