Page 206 - Portico - Frederik Pohl
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Por un momento me sentí aterrorizado, solo en un

            lugar jamás hollado por ningún ser humano, asustado


            por haberme olvidado de coger la correa. Pero no era

            necesario hacerlo; la grapa magnética se había cerrado

            automáticamente, y llegué hasta el final del cable, lo


            estiré con fuerza, y empecé a retroceder lentamente ha‐

            cia la nave.


               Antes de que pudiera llegar, Sam ya había salido y

            avanzaba  hacia  mí  dando  vueltas  a  toda  velocidad.

            Conseguimos  agarrarnos,  y  empezamos  a  tomar


            fotografías.

               Sam señaló hacia un punto entre el inmenso disco con

            forma de plato y el deslumbrante sol naranja, y yo me


            protegí  los  ojos  con  los  guantes  hasta  ver  lo  que

            indicaba:  M‐31  en  Andrómeda.  Naturalmente,  desde

            donde nos encontrábamos no estaba en la constelación


            de Andrómeda. No había nada a la vista que se pare‐

            ciese  a  Andrómeda,  o  a  cualquier  otra  constelación.


            Pero la M‐31 es tan grande y tan brillante que incluso

            puede  distinguirse  desde  la  superficie  de  la  Tierra

            cuando  no  hay  demasiada  contaminación  ambiental.


            Es la más brillante de las galaxias externas, y puedes

            reconocerla  bastante  bien  desde  casi  todos  los  sitios


            adonde te llevan las naves Heechee. Por medio de una

            pequeña amplificación, puedes observar su forma de

            espiral, y es posible asegurarse comparándola con las








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