Page 220 - Portico - Frederik Pohl
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a  la  mesa  del  banquete,  Sigfrid,  estoy  tan  ocupado

            pensando cómo recogeré la cuenta, y preguntándome


            qué  creerán  las  demás  personas  cuando  me  vean

            pagarla, y dudando de si llevaré dinero suficiente en el

            bolsillo, que ni siquiera como.


               Me contesta amablemente:

               ‐ No me gusta alentar esas excursiones literarias, Bob.


               ‐ Lo siento. ‐ La verdad es que no. Me saca de mis

            casillas.

               ‐  Para  usar  tu  propia  imagen,  Bob,  ¿por  qué  no


            escuchas lo que dicen esas otras personas? Quizá digan

            algo agradable, o algo importante, acerca de ti.

               Reprimo el impulso de romper las correas, darle un


            puñetazo en la cara y salir para siempre de este agujero.

            Él espera, mientras la sangre me hierve en las venas, y

            finalmente exploto:


               ‐  ¡Que  las  escuche!  Sigfrid,  estúpida  máquina  sin

            cerebro,  no  hago  nada  más  que  escucharlas.  Quiero


            oírles decir que me aman. Incluso quiero oírles decir

            que me odian, lo que sea, con tal de que les salga del

            corazón. Estoy tan ocupado escuchando el corazón que


            ni siquiera oigo cuando alguien me pide que le pase la

            sal.


               Pausa.  Me  siento  a  punto  de  estallar.  Entonces  me

            dice con admiración:

               ‐ Expresas las cosas de una forma muy bella, Robbie.


            Pero lo que quería...




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