Page 235 - Portico - Frederik Pohl
P. 235

Cuando pasas varias semanas consecutivas cerca de

            otra  persona,  tan  cerca  que  conoces  cada  hipo,  cada


            olor  y  cada  rasguño  de  su  piel,  acabáis  odiándoos

            mutuamente  o  tan  compenetrados  que  no  puedes

            desligarte aunque quieras. A Klara y a mí nos sucedie‐


            ron ambas cosas. Nuestro pequeño episodio amoroso

            se  había  convertido  en  una  relación  de  hermanos


            siameses.  No  había  ningún  romance  en  ella.  Entre

            nosotros  no  había  espacio  suficiente  para  que  se

            produjera un romance. Y, sin embargo, yo conocía cada


            centímetro  de  Klara,  cada  poro  y  cada  pensamiento,

            mucho  mejor  que  si  fuera  mi  propia  madre.  Y,  del

            mismo modo, desde su seno hacia el exterior. Estaba


            rodeado por Klara.

               Y,  exactamente  igual,  ella  estaba  rodeada  por  mí;

            cada uno de los dos definía el universo del otro, y había


            veces en que yo (y estoy seguro de que ella también)

            deseaba  con  toda  mi  alma  abrirme  paso  y  volver  a


            respirar el aire del exterior.

               El mismo día que regresamos, sucios y agotados, nos

            dirigimos automáticamente hacia las habitaciones de


            Klara.  Allí  era  donde  estaba  el  baño  privado,  había

            mucho sitio, y todo estaba preparado para nosotros, así


            que  nos  dejamos  caer  sobre  la  cama  igual  que  un

            matrimonio cansado de tanto hacer maletas. Sólo que

            no éramos un matrimonio. Yo no tenía ningún derecho


            sobre  ella.  Durante  el  desayuno  del  día  siguiente




                                                                                                         234
   230   231   232   233   234   235   236   237   238   239   240