Page 346 - Portico - Frederik Pohl
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‐ Ella nunca me lo dijo con todas las palabras. No sólo
eso. Es curioso, Sigfrid, pero, verás, ni siquiera
recuerdo que me tocara alguna vez. Es decir, no
realmente. A veces me daba un beso de buenas noches;
en la coronilla. Recuerdo que también me contaba
cuentos. Siempre estaba allí cuando la necesitaba,
pero...
Tengo que detenerme un momento, para recuperar
nuevamente el control de mi voz. Inhalo
profundamente por la nariz, y me concentro en los
movimientos respiratorios.
‐ Sin embargo, Sigfrid ‐ digo, repitiendo las palabras
mentalmente y complacido por la claridad y el
equilibrio con que las pronuncio ‐, nunca me tocaba
demasiado. Excepto en un sentido. Era muy buena
conmigo cuando estaba enfermo. Yo estaba enfermo
muy a menudo. Todos los que vivíamos cerca de las
minas de alimentos teníamos destilación nasal,
infecciones cutáneas... ya sabes. Me daba todo lo que
necesitaba. Estaba allí, Dios sabe cómo, y se ocupaba de
su trabajo y de mí al mismo tiempo. Y cuando estaba
enfermo me...
Al cabo de un momento, Sigfrid apremia:
‐ Continúa, Robbie. Dilo.
Lo intento, pero no puedo, y él dice:
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