Page 119 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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El aracnotaxi cruza los tejados de la ciudad a toda
velocidad. La carrera le costará cien kilosegundos,
pero es la única opción de aproximarse siquiera a la
hora estipulada. Se agarra con fuerza al cinturón de
seguridad. El carruaje —hijo bastardo de una araña,
una máquina de guerra de H. G. Wells y un taxi— se
tambalea adelante y atrás mientras brinca por los
tejados y trepa por las paredes.
Se le cae la caja de bombones y maldice cuando ésta
rebota de un lado a otro del compartimento.
—¿Todo bien ahí atrás? —pregunta la conductora,
una joven con el tradicional antifaz de malla roja de
los taxistas. En una ciudad fluctuante donde muchos
lugares están ocultos de forma permanente por el
gevulot, su trabajo consiste en saber cómo llevarte
desde A hasta B. Un talento no exento de orgullo—.
No te preocupes, llegarás a tu destino.
—Estoy bien —dice Isidore—. Acelera.
La colonia zoku se encuentra casi en la proa de la
ciudad, en el Distrito de Polvo, justo sobre el lugar
donde los atlas Aletargados preparan la arena
marciana para soportar el peso de la ciudad. Es fácil
ver dónde están los límites de la colonia: bajo las
nubes de polvo rojo, las amplias avenidas con sus
fachadas de belle époque y sus cerezos dan paso a
castillos de hadas de diamante, como matemáticas
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