Page 115 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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extraño olor a algas de las gigantescas criaturas, tan
sólo para verlo haciéndome señas con la mano desde
el lomo de una de ellas antes de bajar de un salto.
Durante un momento nos sigue un grupo de
patinadores en línea, confundiendo nuestra
persecución con algún tipo de atracción urbana,
jóvenes marcianos de ambos sexos vestidos con
corsés, faldas acampanadas y pelucas empolvadas
que imitan la moda de la Corona, con materia
inteligente entrelazada que les permite saber cuándo
apartarse de en medio y flexionarse mientras rebotan
en las paredes y cruzan dando volteretas los espacios
entre los tejados, con las grandes ruedas adhiriéndose
a todas las superficies. Me alientan a voces, y por un
momento contemplo la posibilidad de gastar algo de
Tiempo y comprar el par de patines de alguno de
ellos: pero el dolor imaginario que empieza a
mitigarse en mi espalda me anima a continuar a pie.
Cada segundo que pasa, espero que mi cuerpo se
bloquee, que Mieli aparezca y me propine el castigo
que haya ideado. A pesar de todo, me encantaría
haberle visto la cara.
Al final me quedo sin resuello cuando llegamos al
antiguo jardín robótico. Maldigo el hecho de no poder
anular los parámetros de referencia estrictamente
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