Page 117 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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pinchos. Las corazas se ven oxidadas y maltratadas


           por  el  clima,  y  algunos  de  los  cascos  vacíos  han


           mutado en macetas de las que sobresalen matas de


           begonias  y  rosas  marcianas  de  tonos  desvaídos.


           Algunos  están  paralizados  en  medio  del  combate,


           sólo  que,  mientras  recupero  el  aliento,  dan  la


           impresión de estar moviéndose a cámara lenta. Algo


           me dice que, si me quedara a mirar, ejecutarían una


           lenta  partida  iniciada  por  jugadores  muertos  desde


           hace tiempo.



           Otra vez la risa. Miro a mi alrededor. El muchacho se


           columpia del brazo de un robot rojo separado de los


           demás,  paralizado  con  su  arma  parecida  a  una


           guadaña en alto. Salto adelante, intentando atraparlo


           en un abrazo de oso, pero ya no está allí. Me caigo por


           segunda vez en lo que va de persecución, en pleno


           arriate de rosas.



           Aún sin aliento, me doy la vuelta con cuidado. Las


           espinas me desgarran la ropa y la piel.




           —Cabroncete —mascullo—. Tú ganas.



           Un rayo del brillante Fobos —en su tránsito de ocho


           horas por el firmamento— da en el yelmo abierto del


           robot.  Algo  reluce  en  su  interior,  algo  plateado.


           Vuelvo  a  ponerme  de  pie,  estiro  el  brazo  y  me


           encaramo  a  la  armadura  del  robot;  eso,  al  menos,


           resulta más fácil en la gravedad marciana. Escarbo en






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