Page 192 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
P. 192
observarlo con interés. Isidore se apresura a pagar, se
envuelve en un manto de intimidad y se va a su casa.
Comparte piso con otra estudiante, Lin, en una de las
viejas torres que se alzan al borde del Laberinto. La
decoración de la vivienda, consistente en cinco
habitaciones repartidas entre dos plantas, se compone
en su mayoría de muebles de materia temporal
elegidos al azar. El estampado del ajado papel de las
paredes se modifica por sí solo en función del estado
de ánimo de sus propietarios. Lo recorre una
ondulación al entrar Isidore, y adopta un escheresco
diseño en blanco y negro de aves entrecruzadas.
Después de darse una ducha, Isidore prepara el café.
El ventanal de la cocina —una habitación con el techo
muy alto en la que conviven una fabricadora y una
mesa de aspecto desvencijado— permite contemplar
los tejados del Laberinto y los cañones bañados por el
sol que median entre los edificios. Se queda un rato
sentado junto a él, intentando poner en orden sus
ideas. Lin no anda lejos. Sus figuras animatrónicas
vuelven a estar esparcidas por toda la mesa de la
cocina. Pero al menos ella tiene la decencia de
mantenerse oculta tras el gevulot.
Son ya varias las comemorias que incordian su
subconsciente interesándose por el artículo del
Heraldo, como un dolor de cabeza. Ojalá pudiera
192

