Page 193 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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olvidarse de todo. Por lo menos no conserva ninguna


           exomemoria de la conversación que mantuvo con el


           reportero, pues sabe que no podría dejar de palparla


           y  menearla  como  si  de  un  diente  suelto  se  tratase;


           escaso consuelo. Y luego está el tzaddik. Apartarlo de


           sus pensamientos es tarea imposible.



           Le llega una solicitud de gevulot, procedente de Lin.


           A  regañadientes,  la  acepta  y  permite  que  su


           compañera de piso lo vea.



           —¿Iz?  —pregunta  la  muchacha.  Estudia  animación


           tradicional  y  proviene  de  una  pequeña  ciudad


           emplazada en el valle de Nanedi. Su carita redonda


           luce una expresión de preocupación, y tiene el pelo


           salpicado de pintura.




           —¿Sí?



           —He  visto  el  periódico.  No  sabía  que  todo  eso  lo


           hubieras hecho tú. Tenía un primo en Schiaparelli.



           Isidore no dice nada. Contempla la expresión de Lin


           y se pregunta si debería esforzarse por averiguar qué


           representa,  pero  al  final  descarta  la  idea  por


           irrelevante.



           —En  serio,  no  tenía  ni  idea.  Aunque  lamento  que


           hayas  terminado  saliendo  en  las  noticias.  —Lin  se


           sienta en la mesa y se inclina sobre ella en dirección a


           él—. ¿Estás bien?








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