Page 195 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Una vez en su habitación, Isidore deja la criatura en el
suelo y se dispone a estudiar la influencia de la obra
de Heian Kyo en la arquitectura de la Corona. Le
resulta más fácil concentrarse rodeado de sus
pertenencias, un par de las antiguas esculturas de su
padre, libros y la gran impresora de materia temporal.
Tanto el suelo como la mesa están sembrados de
bocetos de edificios tridimensionales, imaginarios y
reales por igual, entre los que destaca una maqueta a
escala de la catedral de Ares. La criatura de color
verde elige esta última para esconderse detrás de ella.
Bien hecho, amiguito. El mundo es un sitio cruel.
Para muchos de sus compañeros de clase, estudiar es
una actividad frustrante. Por perfecta que sea la
exomemoria, ésta sólo proporciona recuerdos a corto
plazo. El verdadero conocimiento sigue siendo el
fruto de alrededor de diez mil horas de trabajo en el
ámbito de la especialidad elegida. A Isidore no le
importa: si tiene un buen día, puede pasarse horas
inmerso en la pureza de la forma, explorando
maquetas de materia temporal, sintiendo hasta el
último detalle en las yemas de los dedos.
Abre un archivo sobre la secta Tendai y el palacio
Daidairi y empieza a leer, con la esperanza de que el
mundo contemporáneo se desvanezca.
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