Page 197 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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de insomnio. La Torre cuelga como una ubre de cristal
del vientre de la ciudad, cuya sombra los acompaña
durante todo el trayecto, mecida por el pausado y
rítmico subir y bajar de sus patas. Sobre sus cabezas,
las inmensas plataformas fluctúan y se ensamblan
conforme la ciudad optimiza la distribución de su
peso a cada paso que da. El polvo anaranjado lo tiñe
todo. La luz de Fobos —una antigua luna,
transformada ahora en estrella merced a la diminuta
singularidad que alberga en su interior— confiere al
mundo una extraña apariencia crepuscular y
atemporal.
Son pocos los dolientes que han acudido esta mañana.
Isidore sigue los pasos de un hombre de piel negra
que camina con el espinazo encorvado por el peso del
traje simbionte.
En ocasiones se cruzan con alguna plataforma
controlada por un Resurrector mudo y enmascarado.
La nube de polvo oculta los movimientos de los
Aletargados en el fondo, a sus pies, pero ya se pueden
divisar las murallas de los foboi, que se extienden
hasta el horizonte y definen la ruta estipulada de la
ciudad. La estela de ésta, una pincelada de campos
biosintéticos y maquinaria de terraformación,
contiene el rastro de una vida nueva. Al igual que
todos sus hermanos y hermanas, la ciudad se esfuerza
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