Page 372 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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está  tan  cargado  de  orgullo  herido  que  Mieli  teme


           morirse en el sitio—. En fin. Me voy a tomar algo. —


           Se  dispone  a  salir,  girando  bruscamente  sobre  los


           talones.



           —Espera —lo detiene Mieli, sorbiendo por la nariz y


           enjugándose  los  ojos—.  Lo  siento.  Gracias  por  la


           intención. Es sólo que… tiene gracia. Pero, de veras,


           gracias por esta velada.



           El ladrón sonríe, un poquito.




           —De nada. ¿Lo ves? A veces está bien hacer lo que


           uno quiere.



           —Pero no siempre.



           —No. —El ladrón suspira—. No siempre, supongo.


           Buenas noches.



           —Buenas noches —dice Mieli mientras reprime otra


           risita, dándose ya la vuelta.



           Siente  un  vuelco  repentino  en  su  gevulot,  el


           inesperado  recuerdo  de  que  hay  alguien  más  en  la


           habitación.



           —Caray  —dice  una  voz—.  Espero  no  estar


           interrumpiendo nada.



           Hay un hombre sentado en el rincón predilecto del


           ladrón,  junto  al  balcón,  fumando  un  purito.  El


           repentino  olor  acre  es  como  un  mal  recuerdo.  Es









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