Page 444 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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dejaba  una  depresión  que  invitaba  a  esconderse.


              Nell saltó dentro.





                 Durante  unos  minutos  encontró  extrañamente


              hilarante que Harv no pudiese encontrarla. El piso


              sólo tenía dos lugares para ocultarse, dos armarios,


              por lo que sus investigaciones tradicionales en el


              campo  del  escondite  les  habían  dado  poco


              entretenimiento  y  les  dejaba  preguntándose  de


              dónde  salía  la  fama  de  ese  juego  estúpido.  Pero


              ahora,  n  aquel  bosque  oscuro,  Nell  empezaba  a
                            e

              entenderlo.





                 —¿Te rindes? —dijo al final, y Harv la encontró.


              Permaneció en « borde del hueco y le exigió que


              saliese. Ella se negó. Finalmente él se metió dentro,


              aunque para unos ojos más críticos que los de Nell


              podría haber dado la impresión de que se caía. Nell


              saltó a su regazo antes de que pudiese ponerse en


              pie.





                —Tenemos que irnos —dijo Harv.





                —Quiero quedarme aquí. Es agradable —dijo


              Nell.





                 —No eres la única que lo piensa —dijo Harv—.


              Por eso hay vainas aquí.


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