Page 605 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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aunque  su  frente  se  fruncía  periódicamente  al


              emitir  Elizabeth  algún  chillido  de  rabia


              especialmente agudo. En una mano llevaba un


              ejemplar  del  Manual  ilustrado  para  jovencitas.


              Tras él, podía verse a la señora Finkle‐McGraw


              agarrando a Elizabeth por las muñecas en lo que


              recordaba  las  tenazas  de  un  herrero  que


              sostuvieran  un  lingote  caliente  especialmente


              peligroso  listo  para  golpearlo;  y  el  resplandor


              radiante del rostro de la niña se correspondía con


              la  analogía.  Ella  estaba  inclinada  para  que  su


              cara  estuviese  a  la  misma  altura  que  la  de


              Elizabeth y le estaba susurrando algo en un tono


              de reproche.





                 —Lo  siento,  padre  —dijo  el  joven  Finkle‐


              McGraw  con  una  voz  bañada  con  un  humor


              sintético no muy convincente—. Evidentemente


              es  hora  de  la  siesta  —se  volvió  a  saludar—.


              Señora Hackworth —luego sus ojos volvieron al


              rostro de su padre y siguió la mirada del Lord


              Accionista  hasta  el  libro—.  Fue  ruda  con  los


              sirvientes,  padre,  así  que  hemos  confiscado  el


              libro por el resto de la tarde. Es el único castigo


              que  parece  surtir  efecto;  lo  empleamos  con


              frecuencia.





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