Page 604 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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vestirse para cenar. Poseía gracia suficiente para


              conocer sus límites, y, por tanto, pasaba el día


              disparando en zonas remotas de la finca.





                  —La pequeña Nell tiene talento para cuidar de


              sí  misma  y  podría  no  necesitar  o  aceptar  su


              generosa  oferta.  Pero  puede  que  disfrute  pa‐


              sando el rato con Piona.





                  —Perdóneme, Su Gracia, pero me sorprende


              que considere la idea de dejar a una niña de su


              edad sin atención durante toda la tarde.





                 —Ella no lo vería de esa forma, se lo aseguro,


              por  la  misma  razón  que  la  pequeña  Piona  no


              considera que su padre haya dejado su casa.





                 La expresión que pasó por la cara de la señora


              Hackworth  al  oír  esa  afirmación  sugería  una


              comprensión menos que perfecta. Pero antes de


              que ella pudiese explicarle a su anfitrión el error


              de su método, fueron interrumpidos por unos


              chillidos y un amargo conflicto que venía por el


              salón hacia ellos. La puerta se abrió a medias, y


              apareció Colín Finkle‐McGraw. Todavía tenía el


              rostro rojo por el aire del páramo, y llevaba una


              sonrisa forzada no muy alejada de la afectación;


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