Page 62 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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Como he dicho, nos obligaban a levantarnos
temprano. Nuestros dormitorios eran barracas de
plástico dispuestas alrededor de un vestíbulo
central. Alrededor de las barracas había una cerca
de alambre de espino; más allá estaban los
almacenes, los cobertizos para las máquinas y el
edificio administrativo; después, más alambre.
Alrededor del escuálido campamento se extendían
las tierras.
A las seis y media de la mañana salí de mi choza
con mi ropa de trabajo, que era un traje de una
pieza, ligero pero a prueba de aire, y con un casco.
Mantuve la mascarilla abierta pues el día parecía
fresco y la fumigación del día anterior en el área no
había sido de importancia. Inglaterra en una
mañana de mayo puede resultar algo muy bueno.
Incluso para un labrador. Uno recuerda el invierno
y siente gratitud. El cielo era un lecho de pequeños
cirros lanudos; apenas se les podía llamar nubes,
pues el brillo del sol las atravesaba. Una niebla
amarilla como el sarro de la lengua de un enfermo
cubría la tierra, resto de la fumigación de un par de
días atrás contra los insectos. El olor irritaba
ligeramente la garganta; la mayoría de los hombres
mantenía sus mascarillas cerradas, pero yo insistí
en mantener la mía abierta, por pura obstinación.
Entré a la sala común. Todo era muy ruidoso
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