Page 61 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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entero. Y en verano el sol brillaba con fuerza, dando

               a los músculos una vida que les había faltado todo

               el  invierno.  También  estaban  las  mujeres  de  la


               aldea,  con  las  que  podíamos  saborear  el  placer

               tradicional de los pobres.

                      También la muerte era importante para hacer a


               un lado la monotonía. Yo ya no podía reírme de ella

               como  lo  hacía  cuando  Hammer  y  yo  éramos

               jóvenes, pues allí se mostraba en términos que uno


               nunca  podría  aceptar...,  una  mezcla  de  colapsos

               súbitos, sudores, ruidos extraños, vómitos, ojos que


               miraban y movimientos involuntarios del vientre.

                      Por todo eso, cuanto más tiempo se trabajaba en

               una  aldea,  más  fácil  se  volvía  la  vida.  Aunque  el


               sistema no estaba

                      pensado para admitir la confianza, la tierra no


               podía ser trabajada sin ella, de modo que a medida

               que  uno  demostraba  que  no  estaba  loco,  se  le

               permitía  un  grado  estrictamente  limitado  de


               libertad; libertad que dependía en gran medida del

               hecho de que no había ningún lugar al que huir.

                      Puesto que a un hombre nada le parece tolerable


               excepto lo que considera como verdadera libertad

               —cualquier cosa que sea—, hasta el mejor de los

               días estaba marcado por la monotonía, y mi último


               día  en  la  aldea  comenzó  de  un  modo  tan  poco

               auspicioso como todos los demás.


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