Page 63 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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allí. Los hombres aún estaban atontados por el
sueño y por la temprana hora de la mañana, pero
aún así hablaban todo lo que podían, pues lo más
probable era que no pudieran volver a dirigirse a un
ser humano en todo el resto de la jornada. Así se
comportan en el mejor de los casos durante el
verano; en invierno, cuando está oscuro, están
mucho más tranquilos. En enero las reuniones
parecen un depósito de cadáveres.
Una cosa debo decir en favor de la aldea.
Mientras uno vive, se espera que trabaje, de modo
que le dan regularmente veinte gramos de proteína
animal variada, un día sí y otro no, en la cena. En
las ciudades, durante las frecuentes escaceses de
alimentos, nunca explicadas, uno puede pasar
semanas enteras sin la menor ración de carne. En el
orfanato estábamos siempre a media ración, nada
de lo cual debe hacer suponer que los desayunos
en la aldea resultaban mejores de lo que eran en
realidad.
Después de haber comido la terrible sopa que
llamaban guiso, había que dirigirse al capataz para
averiguar qué trabajo se le asignaba a cada uno. Se
busca y cuenta a las personas antes de que salgan
al perímetro externo. Luego, de vuelta a los
barracones, pues lo ideal es salir antes de las siete.
Los inspectores y capataces están allí para
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