Page 64 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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asegurarse de que el movimiento se haga con
fluidez.
Esa mañana se me dijo que estaba destinado a
un lugar a varios kilómetros de distancia, en un
punto que ya conocía de antes. Era una hermosa
mañana para viajar; subí alegre a un tractor, puse
en marcha los coordinadores y salí de inmediato.
¡Ese breve momento de soledad valía más que
un plato extra de sopa! Estrictamente hablando, se
supone que los capataces del campamento deben ir
con cada labrador y entregarlo al capataz del sitio
donde va a trabajar. Pero no sólo están
permanentemente escasos de personal, sino que
además los capataces son hombres perezosos, y a
menudo tan enfermos como los hombres a los que
deberían vigilar. De modo que, si creen que uno es
digno de confianza y no intentará escapar, lo
mandan solo a su destino. Saben que no hay
ningún lugar adonde ir. Toda la maldita isla es una
especie de campo de prisioneros.
Por supuesto, siempre se puede huir y unirse a
los Viajeros. Pero oficialmente los Viajeros son
considerados una superstición, al igual que las
extravagantes religiones que prosperan en los
campos, por lo que se hace lo posible para
extirparlas. Ha habido casos (o así lo creen
fervientemente todos los labradores) en que los
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