Page 147 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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más rápido con la idea de alcanzarle, cuando de
pronto su sombrero voló y, saltando por la acera,
llegó a mis pies. Rescaté, por supuesto, el
sombrero, y le eché un vistazo mientras me dirigía
hacia su propietario. Era toda una biografía:
llevaba en su interior el nombre de un fabricante
de Piccadilly, pero creo que ni un mendigo lo
habría recogido del arroyo. Entonces levanté la
mirada y vi al doctor Black de Harlesden
esperándome. Cosa extraña, ¿no? Pero ¡qué
cambio!, Salisbury. Cuando contemplé al doctor
Black bajando las escaleras de su casa de
Harlesden era un hombre erguido, que caminaba
con firmeza sobre sus bien formados miembros; un
hombre, diríamos, en la flor de la vida. Y ahora esta
miserable criatura se inclinaba ante mí, encorvado
y débil, marchitas las mejillas y el pelo
prematuramente encanecido, los miembros
temblorosos y renqueantes, y el sufrimiento en los
ojos. Me dio las gracias por recoger su sombrero
diciendo:
» —Creí que nunca podría alcanzarlo, no puedo
correr mucho ahora. ¡Qué día más desapacible!,
¿verdad señor?
» Y dicho esto se despidió; pero poco a poco
procuré meterle en conversación y caminamos
juntos en dirección este. Creo que el hombre se
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