Page 149 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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erguida al fondo de la habitación, y la visión de la
miserable cama y el olor a corrupción que lo
impregnaba todo me hizo sentir mareos y me puso
enfermo. Allí le encontré mascando un pedazo de
pan; parecía sorprendido al comprobar que había
cumplido mi promesa, pero me ofreció su silla y se
sentó en la cama mientras hablamos. Solía ir a verle
a menudo y tuvimos largas conversaciones, pero
nunca mencionó Harlesden o a su mujer. Imagino
que él me creía ignorante del asunto, o pensaba
que si había oído hablar de él, nunca relacionaría
al respetable doctor Black de Harlesden con el
pobre morador de una buhardilla en lo más
apartado de Londres. Era un hombre raro, y
cuando nos sentábamos a fumar, a menudo me
preguntaba si estaría loco o cuerdo, pues creo que
los más insensatos sueños de Paracelso y de los
rosacruces parecerían hechos corrientes en
comparación con las teorías que le oí exponer
sinceramente en aquel mugriento cuchitril. En una
ocasión me aventuré a insinuarle algo por el estilo.
Sugerí que algo de lo que había dicho estaba en
rotunda contradicción con la ciencia y la
experiencia.
» —No —contestó él—, con toda la experiencia
no, pues la mía también cuenta. Yo no comercio
con teorías no comprobadas; lo que digo lo he
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