Page 151 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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inquilinos, pero cuando pregunté si estaba el señor
Black, me dirigió una mirada bien distinta.
» —Aquí no vive el señor Black —dijo—. Se fue.
Murió hace seis semanas. Siempre creí que estaba
un poco chiflado, o que lo había estado y se había
metido en algún lío. Solía salir todas las mañanas
desde las diez a la una, y un lunes por la mañana
le oímos llegar, meterse en su habitación y cerrar la
puerta, y pocos minutos después, cuando nos
sentábamos a almorzar, oímos tal grito que pensé
que se habría ido en seguida. Luego se oyeron
pisadas y bajó enfurecido, maldiciendo
espantosamente y jurando que le habían robado
algo que valía millones. Después se cayó en el
pasillo y creimos que había muerto. Le subimos a
su habitación y le metimos en la cama, y me senté
a esperar mientras mi marido fue a buscar a un
médico. La ventana estaba abierta de par en par y
había una cajita de hojalata, abierta y vacía, que él
había dejado en el suelo, pero, por supuesto, nadie
podía haber entrado por la ventana, y en cuanto a
él es un disparate que tuviera algo de valor, pues
frecuentemente se retrasaba varias semanas en el
pago del alquiler, y mi marido le amenazó muchas
veces con echarle a la calle, pues, como él decía,
tenemos una vida que proteger como el resto de la
gente y, verdaderamente, eso es cierto; pero, de
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