Page 148 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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habría alegrado de librarse de mí, pero me propuse
no abandonarle, y finalmente se detuvo frente a
una miserable casa en una miserable calle. En
verdad, creo que era uno de los barrios más pobres
que jamás he visto: casas que debían de haber sido
bastante sórdidas y horribles de nuevas, que
habían acumulado porquería con los años, y ahora
parecían desmoronarse y amenazaban con caerse.
» —Allá arriba vivo yo —dijo Black, señalando al
tejado—, no en el frente, sino detrás. Aquí estoy
muy tranquilo. No le pediré que suba ahora, pero
tal vez algún otro día…
» Le tomé la palabra y le dije que me alegraría
mucho ir a verle. Me lanzó una extraña mirada,
como si se preguntara por qué demonios yo o
cualquier otro se preocupaban de él, y le dejé
tanteando con su llavín en la cerradura. Supongo
que me dirá usted que hice muy bien cuando le
cuente que en unas pocas semanas me convertí en
amigo íntimo de Black. Nunca olvidaré la primera
vez que fui a su habitación; espero no volver nunca
a ver una miseria tan abyecta y mugrienta. Un
espantoso papel, en el que había desaparecido
hacía tiempo cualquier dibujo o huellas de él,
colgaba de las paredes en enmohecidos pendones,
dominado y poseído por la mugre de la aciaga
calle. Sólo era posible mantenerse en posición
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