Page 156 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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atentamente lo que había escrito, especialmente el
pintoresco verso final. Decidió que era una señal,
un símbolo, y no una clave; y que la mujer que lo
había arrojado al suelo con toda probabilidad
ignoraba por completo su significado; ella era
solamente el instrumento del « Sam» que había
insultado y abandonado, y él a su vez era el
instrumento de algún desconocido; posiblemente
del individuo llamado Q, que había sido obligado
a visitar a sus amigos franceses. Pero ¿qué hacer
con la frase « atravesar Handel Street.» ? Aquí
estaba la raíz y el origen del enigma, y ni todo el
tabaco de Virginia parecía probable que le
proporcionara alguna pista. La situación parecía
casi desesperada, pero Dyson se consideraba a sí
mismo el Wellington de los misterios y se fue a la
cama en la seguridad de que más pronto o más
tarde daría con la pista adecuada. Los días
siguientes estuvo enfrascado en su trabajo
literario, que constituía un profundo misterio
incluso para el más íntimo de sus amigos, el cual
buscaba infructuosamente en el quiosco del
ferrocarril el resultado de tantas horas pasadas
ante el escritorio japonés en compañía de tabaco
fuerte y té cargado. En esta ocasión Dyson se
confinó en su habitación durante cuatro días, y con
verdadero alivio dejó su pluma y salió a la calle en
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