Page 159 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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curiosidad, y luego comenzó con una expresión
estereotipada:
—¿Qué puedo hacer por usted, señor?
A Dyson le divertía la situación y la naciente
perplejidad del rostro del tendero. Apoyó
cuidadosamente su bastón contra el mostrador e,
inclinándose sobre él, dijo lenta e
impresionantemente:
—Una vez alrededor del césped, dos veces
alrededor de la amada, y tres alrededor del arce.
Dyson había calculado que sus palabras
producirían algún efecto y no quedó defraudado.
El vendedor de misceláneas quedó con la boca
abierta como un pez y se apoyó en el mostrador.
Cuando hablo, después de un breve intervalo, lo
Hizo con voz ronca, trémula y vacilante.
—¿Le importaría repetirlo, señor? No le he
entendido del todo.
—Desde luego no pienso hacer nada por el estilo,
buen hombre. Oyó usted perfectamente bien lo
que le dije. Veo que tiene usted un reloj en su
tienda; un admirable cronómetro, sin duda. Bien,
le doy un minuto por su propio reloj.
El hombre miró en torno con perpleja indecisión,
y a Dyson le pareció que
ya iba siendo hora de mostrarse atrevido.
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