Page 157 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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busca  de  descanso  y  aire  fresco.  Acababan  de


            encender las farolas de gas y la quinta edición de



            los periódicos de la tarde era voceada por las calles.


            Buscando  tranquilidad,  Dyson  se  desvió  del


            clamoroso  Strand  y  empezó  a  dirigirse  hacia  el


            noroeste.  Pronto  se  encontró  en  calles  en  donde


            resonaban  sus  pasos  y,  cruzando  una  nueva  y


            amplia vía y torciendo luego hacia el oeste, Dyson


            descubrió que había penetrado en lo más profundo



            del Soho. Aquí había vida de nuevo: raras cosechas


            de  Francia  y  de  Italia,  a  precios  que  parecían


            desdeñosamente  bajos,  atraían  a  los  transeúntes;


            aquí había quesos enormes y sabrosos, allí aceite


            de  oliva,  y  allá  un  bosque  de  rabelesianas


            salchichas; mientras, en una tienda cercana parecía


            estar a la venta toda la prensa de París. En medio


            de la calzada deambulaba de un lado para otro una


            extraña mezcla de naciones, por allí raramente se



            aventuraban las berlinas y los cabriolés; y desde


            sus         ventanas               los        asistentes              contemplaban


            complacidos  la  escena.  Dyson  siguió  su  camino


            lentamente, mezclándose con la multitud sobre el


            adoquinado,  escuchando  la  extraña  babel  del


            francés, el alemán, el italiano y el inglés, y echando


            un vistazo de vez en cuando a los escaparates de



            las tiendas con sus filas de botellas alineadas; casi


            había llegado al final de la calle cuando le llamó la

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