Page 198 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—Las chicas no se me han quejado —le
respondí—. Al contrario, Anne dijo que tenía
menos trabajo que en Londres, debido a que aquí
apenas hay polvo.
—¡Ah, sí, son unas buenas chicas! Pero pienso que
nos arreglaríamos mejor con un chico. De hecho,
eso es lo que me ha tenido preocupado los dos
últimos días.
—¿Preocupado usted? —dije con asombro, pues
en honor a la verdad el profesor jamás había
mostrado el más mínimo interés por los asuntos de
la casa.
—Sí —dijo—, el tiempo, ya sabe usted. Realmente
no podría irme con esta niebla escocesa; no
conozco bien la región y podría extraviarme. Pero
esta misma mañana voy a buscar al muchacho.
—¿Y cómo sabe usted que hay por estos
alrededores un chico como el que quiere?
—¡Ay, sobre eso no tengo dudas! Tendré que
caminar todo lo más una o dos millas, pero estoy
seguro de encontrar exactamente al chico que
requiero.
Pensé que el profesor bromeaba, pero aunque su
tono era bastante alegre, había en sus facciones
algo de severidad y de obstinación que me
confundió. Luego cogió su bastón, se detuvo en la
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